Pequeño Ídolo
Lugares que crecen hasta estancarse albergan personas que sienten ese estancamiento.
La ciudad promete mucho más de lo que puede dar y quizás por eso se llama ciudad.
Él observa naves espaciales merodeando a su alrededor y sueña con ser astronauta algún día. Lo invito a sentarse conmigo para contarle un cuento. Veo en sus dientes lo contento que está.
Cuando las palabras asoman inventadas, mágicamente se convierten en hileras de emociones.
¿Cómo enseñarle lo maravilloso y sencillo del planeta a un ser que padece hambre y soledad injustamente?
Jugar con los límites hace que el estómago conozca lo inmortal del pensamiento que transporta a dos mentes fuera de lo real.
“Esto va a explotar las veces que vos quieras”. Los dientes siguen asomando vorazmente y las manos tocan donde ya no hay espacio. El pequeño ídolo corretea feliz entre árboles porque quiere que lo encuentren. Cuenta hasta diez, porque no sabe más, y me pregunta: “¿Después qué sigue?”
Después sigue el color que más te guste.
La ciudad sigue pasando sin posar su mirada en este niño. Pero él no tiene tiempo para los letales asique sigue dejando caramelos en el camino para recordar el camino a casa.
Y cuando el hambre pesa y duele, le canto que el manjar más placentero lo tiene guardado en su pecho, el cual está ausente en aquellos que lo miran de reojo.
Es temprano para tu imaginación. Pero es tarde para tus pies fríos. |