“NO”


Me senté con ella. Frente a nosotras no había nada más que la inmensidad. Cadenas y cadenas de montañas que parecían nacer de un lago de cuentos…
Nunca mantuvimos una conversación de más de dos palabras… pero por alguna razón, algo nos había unido en ese momento, en ese lugar, único, inmejorable…

Realmente no sabía nada de su vida. Quién era, de dónde venía, a qué aspiraba, cuales eran sus sueños o deseos… pero algo golpeaba dentro mío diciendo que debería ayudarla… el problema era que no sabía cómo…
Optó por presentarse. No por su nombre y apellido, ya que eso era lo único que yo sabía, sino, de una forma puntillosamente descriptiva.

Resumió de una forma tan sencilla cuál era su problema, que no tuve mucho tiempo para pensar cuál iba a ser mi respuesta: sentía que la vida la consumía sin razón. Que no era nadie. Que lo más mínimo del universo era ella y ella.
No sabía que hacer con su vida.
No sabía hacia que lugar caminar.
No sabía qué pensar.
Todos iban a una velocidad que ella no podía seguir.
Se apuntó como una persona pausada, tranquila, reflexiva, paciente… 
¡Cómo no iba a sentirse de esa forma en ese tiempo de relojes, sin intervalos ni lapsos de descanso! ¡Cómo no iba a sentirse tan ínfima en esos recuadros continuos de popularidades y luces!
Cuánta pena sentía por ella… no por su situación completa, sino porque seguramente había perdido tantas horas de su vida pensando en cómo formar parte de esa tragedia.
¡No, querida desconocida! Jamás debes apuntar a eso…
Pero cómo hacer para cambiar esa visión que tenía… la imaginaba… muchos años de castigo propio por no pertenecer…
Me repetía una y otra vez que eso la atormentaba.

Luego advertí que ella tenía en frente a una persona que quizás no era la indicada… Cuantos años de mi vida había pasado yo sufriendo en la soledad y la incomprensión. Hasta una vez me habían catalogado de misántropa…
¿Estaba haciendo bien? ¿Podía ayudarla, aconsejarla, de una forma sabia y justa?
¿O en realidad inconscientemente iba a tratar de que adopte mi forma de vida?
¿Y si en realidad era todo un autoanálisis? ¿Una manera de socorrerme a mí misma?
¡Qué más daba! Si en el fondo, ella tomaría lo que a su juicio sería lo más correcto…

“Discúlpame por hablarte de pertenecer… no sé si debo contarte sobre algo que no sé lo que significa.
Me gustaría comenzar esta suerte de monólogo –sabía que así sería- sugiriéndote algo…
Así como este momento parece extraído de algo sobrenatural o cómo estamos disfrutando de este silencio animal o de la manera que aprovechamos esta hora… así debes vivir…
Que los momentos sean únicos… No te acostumbres. Simplemente.
No caigas en lo típico. Y sobre todas las cosas, no creas tan fácilmente.
No creas en lo que te imponen. No creas en los falsos métodos. No creas en lo que no sientes. No creas en el tiempo, que es un invento del hombre.
Las cosas funcionan de una forma tan sencilla que por eso se cuestionan.
Si siempre estarás buscando formar parte, caerás en la rutina de ser alguien porque tu alrededor lo está gritando…
Entonces, cierra tus oídos y tus ojos. Abre tu mente, tu imaginación, tu corazón. Y sé lo que tu interior te demuestra, lo que galopa en tu pecho.

Los objetivos, las metas, los intereses, todo se modifica y rota a medida que los días pasan. Vivimos en un constante cambio… Lo que trato de decir, no es que no estés atenta a eso, ya que puede resultar peligroso no esquivar esta vorágine; sino que transformes tu mundo. Y si todavía no lo has creado, tienes un sinfín de colores para hacerlo.
Ante esta realidad, vive como te has descrito. Pausadamente, reflexivamente y pacientemente.

Sobre las decisiones que tomes hoy en día, bien sabes que significarán tu futuro. Pero siempre debes saber que todo lo que hagas te servirá para ser mejor. No tomes las cosas como errores ni equivocaciones. No te condenes por éstos. No te lamentes. Simplemente no habrás tomado la decisión correcta. Así jamás sentirás el arrepentimiento.
No debes olvidar nunca superarte. Todos los días. La gente se estanca. El que se estanca se pudre. Por eso no permitas no renovarte…”

Tenía en su mente un cóctel de ideas. Lo podía ver fácilmente.
Su mayor ira y su más tierna faceta estaban conjugándose en ese instante.
No había ni comenzado a digerir las cosas, y ya entraba en pánico.
Desesperaba.
Y yo no sabía si seguir con mi lista de teorías e ideas o quedarme en reposo para no atormentarla.
Tanta quietud durante tantos años la había transformado en eso. Era un ser que temía a lo nuevo. A transformarse. Debía surgir su metamorfosis desde lo mejor que tenía…

Basándome en algún método propio debía hacerla estallar.
Quería ver su lado más violento. Su mayor descarga… en años no había producido un solo acto de ira, de rebelión. Contra sí misma, contra el mundo, qué importaba. Pero estaba llena de palabras enmudecidas.

Mi único objetivo era demostrarle lo peor que podía llegar a ser si no modificaba su comportamiento. No me importaba si no pensaba igual.
Que se enojara conmigo por persuadirla, tampoco.
Pero quería ver su reacción. Su mejor obra.

“Cuando te sientas así, cuando tu volcán interno comience a burbujear, simplemente escupe toda tu lava.
He visto desde mi lado objetivo que recepcionas mucho mal de los demás. Cuánto haces por los tuyos y cómo nada recibes a cambio. Exige, amiga extraña. Exige siempre que lo necesites.
Mi corazón se arrepiente por no haber sido firme. Que no te suceda lo mismo. Cuando necesites, pide. Todos, absolutamente todos, tienen a su alcance la posibilidad de ayudar.
Yo siento que lo estoy haciendo contigo en este momento… sinceramente no sé si estoy haciendo un bien o creando un mal… pero me he sentado para dejarte ser…”

Me interrumpió. Y se produjo el acto más benévolo que mis ojos vieron en años…
Saltaba. Se tomaba de los cabellos. Se lastimaba. Gritaba. Vomitaba sus placeres, sus ocurrencias, sus dolores, su pesadez, su agobio, sus rencores, su odio, su felicidad… su existencia…
“¡Es que todo mi ser te ama y todo mi otro ser te detesta! ¡Quién eres para llegar a mi vida con tantas verdades que eran ocultas para mí!
¡Maldigo el momento en que comencé a escucharte! ¡No ves que mi actitud era despreciable pero me mantenía en mis casillas! ¡Lo único que siento en este trance son ganas de renacer! ¡Cuánto tiempo me mantuve en una posición inmóvil y estructurada, dejando a la vida posarse sobre mí, pensando en cuál era la mejor manera de que la sociedad me incluya!...”
Su exaltación concluyó en un suspiro…

“Estoy tan agradecida como arrepentida. Quiero seguir escuchando tus evangelios, pero me asustan dos cosas: que tengas razón y que no tengas razón.
Si tienes razón, asimilaré las cosas con su debido tiempo y me prometeré un cambio. Probablemente comience a mejorar y un nuevo período en mi vida estaría originándose.
Pero si estás equivocada, y estoy escuchándote blasfemar estarías perjudicándome sin saber cuáles son las consecuencias…
Entonces… ahora tomaré algunas de las palabras que me has susurrado y continuaré unos momentos más prestándote mi atención, y luego decidiré; sin arrepentirme ni pensar en errores, si aceptar o no tus dogmas. Y disculpa por mi última expresión. Presiento que no te interesan los dogmas.”

“No creo que puedas imaginar lo que en este momento estoy sintiendo. La bestia se ha apoderado de ti por un segundo de luz y te has convertido en el ser más maravilloso y sincero. Por supuesto que mis palabras deben confundirte y estarás deseando en lo más profundo no haberme conocido. Hemos hecho el mismo camino juntas durante tantos años y nunca nos hemos mirado a los ojos. Y ahora llego y soy para tu vida el fantasma que atormenta tus noches. Ésa no es mi intención. Créeme. Solo quiere ver estallar la oruga para contemplar todos los colores que hay en tu interior.
No lamentes más el no haber pertenecido. Te has salvado.
Has apreciado con los ojos cerrados a las masas. ¡Qué fortuna la tuya!
Te has perdido de integrarte y fue el mejor regalo que te has hecho.
Observa las caras de aquellos que se han entregado. Son de color gris.
Entonces agradece poder hacerte a un lado. Éste es tu momento.
Si la vida nos cruzó fue para modificarnos en algún aspecto.
Yo paso mi sabiduría a tu mundo. Y tú sin siquiera hablarme has colmado mis expectativas…”

De un momento a otro, no queríamos seguir hablando.
El aire pesaba más que las palabras. Las montañas crujían en sus puntos más altos. Mirábamos el agua color transparente.
Nuestros pensamientos discutían en voz baja. Y los árboles bailaban para nosotras…

“Voy a continuar. Tus narraciones han sido muy fructíferas. Pero no sé qué es lo que pretendo ni espero de mi vida. De ésta vida.
Cualquier otra cosa que digas en este momento puede terminar de asustarme, como puede también cambiar mis ideas. Por lo pronto tendré que reflexionar. Debo asimilar y deglutir toda esta tarde. Quiero que sepas que ninguno de nuestros silencios ha sido incómodo para mí. Quiero que me encuentres en otro lugar. Quiero que examines mi forma de ser en otro ocaso. Ahora no quiero pensar más. No conocía otra realidad ni sensación más que la mía. Y has llenado mi cuerpo de hadas y duendes.
Pero debo seguir. Mis agradecimientos hacia tu ser. Aunque continúe sin saber si eres un dios o un demonio, admiro tu intención.
No te sobrepases. Ése es mi consejo. Hay algunos que pueden vivir bien de la forma en la que se encuentran, que están siendo felices dentro de lo que piensas que es el infierno. Debes saber con quien hablar y con quien no. Y si no logras lo que llamas fin, quédate con tu tesoro y mantiene la llama con los pocos que sigan a tu lado…”

Se despidió.

Respiré el último aire cálido de montaña. Saludé al lago Cristal.
Apagué el fuego en un tronco gigante. Me reí con la vida. Y la vida se rió de toda esa situación.

Nunca más supe de ella.
Me pregunto todavía si habrá imaginado algo más allá de lo tangible.
Si el cambio habrá tocado su puerta.
Si se enamoró, si lloró, si malcrió a la vida o la vida la malcrió.
Si es feliz.
Si pensará todavía en esa tarde de invierno como lo hago yo.

No la buscaré.
Si le he producido un mal, no querrá verme.
Si le he producido un bien… quizás me hubiera buscado antes.

 

                                                                         … Y  hubo una sola sombra esa tarde.


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