Diciembre 2008
A veces pasan cosas dentro de uno que cuando se quieren explicar, resulta simplemente imposible.
Cuando diciembre comienza para avisarnos que ya se está acabando el año, de alguna manera, un tanto extraña, me pica el cuerpo. Es un momento que me incomoda. Algo que muchos sabrán. Pero que también, abre un espacio en mí que genera unas ganas inmensas de escribir. Escribir para la gente que siento como mía. Como una parte de mi todo.
Particularmente sucedió que me senté cuatro veces frente a la hoja en blanco, y no sabía qué decir. O, mejor dicho, cómo expresar algo que resulta ser… inexpresable.
El año pasado quise darle un cierre a los doce meses que se fueron, con un tema tan simple como los fines y los comienzos, tratando de demostrar que somos una caja de emociones que pocas veces explota de verdad. Y fue fácil plasmarlo.
Éste nuevo fin, aparece (desaparece) como arena entre las manos, escurriéndose rápidamente. Y portándose de una manera difícil de tolerar.
¿Cuántas veces nos pueden doler las mismas cosas? ¿Y cuántas veces nos pueden hacer felices?
Cuántas otras el fracaso puede impactar más de doce mil veces. Y cuántas el éxito.
Cuántas veces nos podemos equivocar y darnos cuenta del error. Como tantas otras parece ser invisible.
Cuántas veces podemos ser transparentes, ausentes, ante causas injustas que nos golpean a diario, pensando que no hay nada que podamos hacer. Pero cuán llenos y plenos nos hace sentir ayudar a cualquiera que lo necesite, convirtiéndonos en algo GRANDE.
Me pregunté muchísimas veces, a lo largo del año, si estaba disfrutando. Si era feliz. Si me sentía completa. Me cuestioné cuánto hacía por los demás. Y si con eso alcanzaba.
Repasé una larga lista de cuántas veces callé cosas que quería gritar. Como también, tantas otras donde hablé de más.
Tuve un momento fuerte y pesado cuándo dude si estaba haciendo las cosas bien, si era buena persona, si estaba compartiendo, llorando y amando lo suficiente. Y uno bastante oscuro cuando me senté de espaldas con el mundo y pensé ¿para qué?
Lo interesante de todo este interrogatorio personal fue que me dí cuenta de algo desmedido: no lo había hecho nunca. Nunca.
Entonces, ¿cuántas veces nos encontramos con nosotros mismos para replantearnos tantas cosas que sentimos pero que no reflexionamos?
Año extraño. Que se va sin prisa pero sin pausa, dejándonos con las manos llenas de cosas para hacer, y con el corazón desbordando humo de tantos sentimientos que se evaporan. Pero insólitamente no desaparecen.
Dejando de lado los deseos de felices fiestas que se repiten incasablemente durante todo el mes, simplemente, espero se encuentren con ustedes mismos, para empezar otra etapa. Más libres por dentro.
|